
Si, efectivamente llegan las vacaciones, esos 7, 15 o 30 días tan esperados durante todo el año, llega el momento del descanso del sosiego, de la paz, llega el momento del olvido,llega el momento de no llegar el periodo mas importante del año para la roturas de relaciones estables, el momento de estar juntos y descubrir que no soportas a tu marido o a tu novia...... llega la guerra en casa por decidir a donde ir, llega cargar el mono volumen con el flotador del niño, la hamaca, la bolsa nevera, ¿que hacemos con los abuelos? y el perro que le regalamos al niño por su cumpleaños?, se ha hecho muy grande, lo abandonamos en el monte, veras como sobrevive, llega el momento de la visa oro de reempufarse de recriminarse de abstraerse, de enfadarse, llega el momento mas esperado del año....el caos.
Personalmente creo que después de muchos años viendo y revolviendo en mi interior, reflejando el espejo de mi corazón en todos los que me rodean, tratando de cumplimentar los tópicos habituales que nos marca la sociedad,(estudiar una carrera, buscar un novio, casarte con el y con la hipoteca claro, tener hijos, ir a pasear con el carrito por las tardes al centro comercial y contratar a alguien que te cuide a los niños porque los dos trabajamos y si no..no da para todo...) tomo la decisión no hace mucho tiempo pero si llevado por el caos en el que se veía envuelta mi vida, de navegar navego desde que tengo uso de razón, pero le doy a navegar un sentido totalmente distinto al que tenia antes, no navego por que si, navego porque después de todo y de nada es allí donde realmente me siento libre, libre a la vez que pequeño, tan pequeño, tan débil, tan en carne viva, que esa emoción supera las ganas de asentarme en la tierra, porque después de todo, quien es capaz de entregarme la paz de leer a Slocum acunado por las olas, o nuevamente asomarme a las profundidades humanas a través de Kant o Descartes, o tratar de entender el porque de las estrellas con algún viejo tomo de cosmología replica de la biblioteca de Alejandría, o intentar recuperar la historia de un país abandonado a su suerte en Trafalgar con un viejo mapa de Ptolomeo roído por el salitre.
Aun así todavía habrá alguien que no entienda mi enfermedad por la marejada, mi atracción por el viento francés o mi desesperación por la lectura flotando auyentando a esos exclavos vacacionales que todavía pretenden convencerme de su felicidad.
Al olvido le faltaba una receta, la puedes encontrar en la mar, una vela un libro y dos mareas.
